Archivo para febrero 2008

5. Trans-uteriano

febrero 20, 2008

Para llegar a los suburbios Ryan tenía que atravesar el corazón de la ciudad:
“¿De verdad merece la pena ir a los suburbios por esto?”, pensó Ryan. “¡Que demonios!, Hace tiempo que no salgo de mi barrio, me vendrá bien darme un garbeo”.

Hasta aquel día, Ryan nunca se había parado a pensar en lo céntrica que estaba su casa. Desde el panel informativo que se encontraba a escasos metros de su edificio, podía distinguir las dos grandes estructuras metálicas que señalaban el punto en el que estaban los tranvías, uno en el Muro Este y otro en el Oeste.
Ambos accesos estaban prácticamente igual de lejos, de modo que optó por dirigirse al Muro Este, desde donde podía apreciar las vistas de la zona de ocio y las playas artifciales.

Además de los silenciosos e impecables tranvías del Distrito Tecnológico, la red ferroviaria de Uteria se componía básicamente de enmarañados túneles suburbanos que comunicaban el casco antiguo con los suburbios, pero pocos se atrevían a adentrarse en ellos debido a la escasez de seguridad y limpieza. De forma que la opción más segura para los ciudadanos eran los Trans-uterianos, dos trenes de alta velocidad que coronaban la cima de los viejos muros que aún quedaban en la ciudad tras la transformación del antiguo polígono industrial que había sido Uteria en el pasado.

Al llegar a la enorme estructura que subía hasta el andén, Ryan observó cómo dos hombres protegidos hasta las cejas arrastraban a un tercero escaleras abajo. “Esos deben ser agentes de la SNES, la nueva empresa de seguridad de O.R.B.I.T.”.

Los agentes llevaban un uniforme blanco de un material plástico resistente y muy brillante, con las siglas de SNES tatuadas en un brazo, el pecho y en la espalda. Las letras eran de un color bermellón bastante incómodo a la vista, posiblemente fluorescentes. El color de las siglas hacía juego con las lentes protectoras del casco ligero que formaba parte del uniforme.

El chico al que arrastraban escaleras abajo parecía bastante perturbado, “un borracho quizás” , pero lo cierto es que era demasiado jóven para ser el típico alborotador de turno.

-¡El bosque estaba oscuro! -oyó Ryan que gritaba el joven- ¡Oscuro! ¡Era una pesadilla! ¡El bosque era negro!

Ryan decidió meterse lo más rápido posible en el ascensor que subía a la cima del muro, pues la presencia de los agentes le incomodaba, al igual que el discurso del pálido muchacho.

Una vez en la pequeña estación del muro, Ryan se paró un instante para contemplar las vistas que su posición le ofrecía; a sus pies estaba el casco antiguo, un hervidero de gentes y máquinas que se afanaban en hacer sus trabajos, los edificios anticuados, llenos de remaches, se mezclaban con las nuevas construcciones, menos barrocas y más luminosas.

A lo lejos, hacia el norte, vio su destino. Los suburbios parecían realmente tétricos desde la distancia, con todos esos edificios negros apelotonados, pero Ryan hizo acopio de valor y se dirigió al andén. Al estampar su mano en la pantalla táctil, el pequeño panel informativo le comunicó que sólo le quedaban dos viajes.

-Ida y vuelta -pensó Ryan- ¿será esto una señal?

Y a lo lejos, casi imperceptible para el oído humano, se oyó: “¡Está oscuro… Oscuro!”

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