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4. A los suburbios

diciembre 23, 2007

Ryan pasó los minutos observando los curiosos artilugios que daban vida al interior del taller, mientras el técnico modificaba el rob-orbit. Aunque la mayoría eran pequeños droides domésticos desmembrados o sin carcasa, a Ryan le llamó particularmente la atención un robot antropomorfo diminuto que yacía en un rincón del mostrador. El aparato tenía una cabeza cuadrada del tamaño de un puño en la que se reproducía una secuencia intermitente de corazones fucsia sobre un fondo blanco.

-¡Esto ya está, muchacho! -gritó el técnico mientras salía de la trastienda con el rob-orbit en sus manos. Una vez que lo hubo depositado en el mostrador Ryan lo encendió y, al momento, empezaron a brillar los leds rojos que recorrían la parte baja de la carcasa, formando una line recta bastante elegante a ojos del muchacho. Para su sopresa, Ryan comprobó que al encender el aparato, este decía “Nano” con una voz robótica muy peculiar-. Eso ha sido cortesía de la casa, como ves, ha quedado mejor de lo que esperabamos, además ahora ya puedes usarlo para comunicarte, pero debes saber algo.
-¿De qué se trata? -preguntó Ryan todavía embelesado con el aspecto de Nano.
-Todos los bloques de memoria de tu mascota están intactos, pero hay un pequeño archivo en uno de ellos que me ha sido imposible abrir. No debe ser muy complicado de descifrar, pero me temo que yo no puedo ayudarte en eso.
-Pero yo no he guardado nada -se extrañó Ryan-, ni siquiera se cómo hacerlo.
-Posiblemente no sea nada del otro mundo, pero mientras no consigas abrirlo tampoco podrás eliminarlo.
-Si esta va a ser mi mascota debería conocer todos sus secretos, ¿que puedo hacer?
-Tengo un colega en los suburbios que quizá pueda ayudarte.
-¿Los suburbios? -dijo Ryan preocupado- Jamás he ido hasta allí.
-No te preocupes muchacho -respondió el técnico con una sonrisa-, no tendrás que internarte mucho en los suburbios. El local de mi amigo está muy cerca del Distrito Tecnológico. Voy a transmitirle las coordenadas a tu Nano desde mi equipo -dijo el tipo mientras tecleaba en un plasma anticuado- así no tendrás pérdida.
-Se lo agradezco -dijo Ryan- y, ¿por quién tendría que preguntar?
-Por Robik.

1. Probando el Rob-Orbit

noviembre 28, 2007

<ROB-ORBIT ON>

< VOICE MODE ON>

Un, dos… ¡Probando!

Después de casi cuatro años guardado en una caja he decidido volver a darle uso a este chisme que me sigue a todas partes recogiendo todo lo que hago y digo.

Supongo que llegados a un punto de nuestras vidas creemos que todo lo que nos sucede puede llegar a ser trascendente, pero no estoy completamente seguro de si ese es mi caso.

Lo cierto es que últimamente veo con otros ojos el mundo que me rodea. Me doy cuenta de que la ciudad se mueve, se agita, en definitiva, que pasan muchas cosas mientras yo malgasto mi juventud a costa de unos padres que posiblemente no me merezco. Creo que ha esto le llaman madurar. A mis 18 años ya era hora!

Mi nombre es Ryan y vivo cerca del Distrito Tecnológico de Uteria.

Aunque suene presuntuoso no lo es en absoluto, mis padres sólo son unos tios majos con un buen trabajo al que les ha salido un hijo sin ambición alguna. ¡Qué se le va a hacer!

Ahora sin embargo me dispongo a comerme el mundo, aunque a primera vista, no me diferencio mucho de los millones de uterianos que van a toda prisa por las calles hablandole a un Rob-Orbit que flota a sus espaldas. Claro que ellos seguramente estarán haciendo una llamada mientras que yo me dedico a hablar conmigo mismo.

Por cierto, prometo cambiarle el nombre a este chisme, más que nada porque no me agrada en absoluto el que viene por defecto. ¿Es que O.R.B.I.T. no dejará nunca de meterse en nuestras vidas?

En fin, voy a pasar al modo grabación porque aún tengo que acostumbrarme a eso de hablar sólo, pero prometo volver.

¡¡Hasta la vista!!


< VOICE MODE OFF>